¿Es posible cambiar nuestro estado de ánimo simplemente moviendo los músculos de la cara? La ciencia dice que sí. Un estudio reciente publicado en la revista Experimental Psychology revela que el acto físico de sonreír —incluso cuando no hay un motivo real detrás— tiene un impacto profundamente positivo en nuestra psicología.
En esencia, activar ciertos músculos faciales puede "engañar" al cerebro, haciéndole creer que estamos experimentando una alegría auténtica.
La ciencia del bolígrafo: El experimento
Para poner a prueba esta teoría, investigadores de la Universidad del Sur de Australia contaron con 120 participantes. El método fue tan sencillo como ingenioso: se les pidió sostener un bolígrafo entre los dientes.
Este movimiento fuerza a los músculos faciales a replicar la forma de una sonrisa. Los resultados fueron contundentes: la actividad muscular no solo alteró la expresión externa, sino que generó emociones internas más positivas. Según Fernando Marmolejo-Ramos, experto en cognición humana, cuando los músculos dicen que estás feliz, empiezas a percibir el mundo de forma más optimista.

¿Qué sucede dentro de tu cabeza?
El proceso no es magia, es neuroquímica. Al sonreír, se estimula la amígdala, la región cerebral encargada de procesar las emociones. Este estímulo provoca una reacción en cadena:
- Liberación de Dopamina: Aumenta nuestra sensación de placer y recompensa.
- Producción de Serotonina: Ayuda a reducir el estrés y combate la agresividad o la depresión.
- Reducción de Cortisol: Al bajar los niveles de la hormona del estrés, el cuerpo entra en un estado de calma.
La Dra. Isha Gupta, neuróloga en Nueva York, respalda esta tesis afirmando que el simple movimiento físico es suficiente para alterar los niveles hormonales de nuestro organismo, proporcionando un beneficio inmediato para la salud mental.
Más allá de la alegría: Beneficios físicos
La relación entre acción y percepción es tan fuerte que otros estudios han encontrado beneficios sorprendentes:
- Efecto Bótox: Una investigación de la Universidad de Cardiff descubrió que personas que no podían fruncir el ceño (debido al bótox) reportaban ser más felices que el promedio.
- Longevidad: Diversos estudios vinculan el hábito de sonreír con una presión arterial más baja y una vida más larga.
"Un enfoque de ‘fingir hasta lograrlo’ podría tener más éxito del que esperamos", concluye Marmolejo-Ramos.


